el momento actual, los retos estructurales, las oportunidades, los modelos de organización posibles y cómo podemos crecer como colectivo.
Un espacio donde el arte acompaña
La jornada comenzó con la intervención de las arteterapeutas y socias Iolanda Pujol y Nereida Jiménez, quienes compartieron el trabajo que la Fundación Art-Agere desarrolla a través del programa Artagere-Oncología.
Este proyecto ofrece acompañamiento psicosocial mediante la Arteterapia a personas en proceso oncológico, con el objetivo de atender sus necesidades emocionales y favorecer su calidad de vida. Actualmente se lleva a cabo en distintos hospitales públicos del Estado español.
Su relato nos acercó, con sensibilidad y compromiso, a prácticas en las que el arte se convierte en sostén, lenguaje y posibilidad. Allí donde a veces las palabras no alcanzan, la creación abre un lugar para habitar la experiencia y encontrar nuevas formas de estar.
Sin duda, en una multitud de contextos, como pueden ser los de alta vulnerabilidad o el acompañamiento en procesos oncológicos, la Arteterapia demuestra su valor clínico. No es solo «hacer arte», es ofrecer:
- Sostén emocional: Ayuda a transitar el diagnóstico y la incertidumbre clínica.
- Expresión no verbal: Permite que emociones complejas tomen forma visible y táctil, facilitando su integración.
- Capacidad y Empoderamiento: Activa la dimensión creativa, reforzando el sentimiento de «ser capaz» en el paciente.
- Conexión Cuerpo-Mente: Promueve una integración sensorio motora esencial para el bienestar integral.
Pensar la profesión: entre el reconocimiento y la dificultad
La exposición abrió una reflexión profunda sobre el momento actual de la arteterapia. Se puso de relieve la importancia del trabajo en red como un eje fundamental para el crecimiento del colectivo y como un espacio de resiliencia, refugio y reconocimiento mutuo: una trama que acoge, sostiene e impulsa.
Al mismo tiempo, apareció con claridad la paradoja que atraviesa la profesión. Mientras distintos estudios —entre ellos los impulsados por la OMS— avalan los beneficios del arte en la salud, la Arteterapia continúa encontrando dificultades para ser plenamente reconocida, legitimada e incorporada en los diferentes ámbitos de intervención.
Tal como señalaron Iolanda Pujol y Nereida Jiménez:
“La dificultad no está en la disciplina en sí misma, sino en las condiciones en las que se puede desarrollar e integrar.”
A partir de esta idea se identificaron algunos de los principales retos estructurales que atraviesan la profesión:
- La falta de reconocimiento institucional y, con ello, de legitimación.
- La dificultad de encaje en estructuras ya existentes, como los sistemas sanitarios, las instituciones universitarias o las categorías profesionales vigentes.
- El impacto que estas condiciones tienen en la identidad profesional, generando con frecuencia inseguridad, sensación de insuficiencia y dificultad para ocupar un lugar propio.
Uno de los aspectos más significativos de la reflexión fue reconocer cómo un problema de carácter estructural y sistémico suele vivirse, muchas veces, como una dificultad individual. Cuando no existe un marco claro de reconocimiento, la incertidumbre recae sobre las y los profesionales, dificultando su posicionamiento y debilitando la legitimidad de su práctica.
Cómo mirar hacia el futuro
Desde esta reflexión surgió una pregunta central que acompañó el resto de la jornada:
¿Cómo podemos seguir creciendo como colectivo?
Las exponentes compartieron distintos caminos posibles para fortalecer y ampliar la profesión:
- Construir una identidad colectiva sólida, capaz de generar un discurso común y reforzar el posicionamiento de la Arteterapia.
- Avanzar en la profesionalización mediante una formación reglada, criterios compartidos y una práctica sostenida por la calidad metodológica.
- Generar evidencia, evaluando el impacto real de las intervenciones y sistematizando las prácticas para hacer visible su valor.
- Pasar de ser sujetos y entidades pasivas a convertirnos en agentes activas de transformación; no solo encontrar un lugar dentro de los sistemas existentes, sino contribuir también a transformarlos.
Como expresaron Iolanda y Nereida:
“La Arteterapia es, por naturaleza, un espacio, un puente y una posición profundamente creadora, sostenedora y transversal.”
Crear juntas: pensar con las manos
Tras una pausa, la arteterapeuta y socia Esther Gebauer recogió el eco de lo compartido durante la primera parte de la jornada y propuso continuar entrelazando puentes a través de una experiencia de creación y juego.
Se abrió entonces un espacio vivencial para seguir pensándonos como colectivo desde el hacer, desde el vínculo con los materiales y desde la posibilidad de que las manos también piensen. En ese territorio compartido fueron emergiendo nuevas conexiones entre lo vivido, lo pensado y lo sentido.
La creación apareció no solo como una herramienta, sino como una forma de conocimiento; una manera de acercarnos a aquello que todavía no tiene nombre, pero que comienza a existir cuando puede ser compartido.
Una red que sigue creciendo
La jornada concluyó con una puesta en común de las producciones —manuales y verbales— que generó un clima de escucha, reconocimiento y fortalecimiento de los vínculos.
Agradecemos profundamente este tiempo compartido, que nos permitió conocernos un poco más, afianzar la red entre socias y seguir construyendo juntas el camino de la Arteterapia.
Encuentros como este reafirman la importancia de generar espacios colectivos donde seguir reflexionando, sosteniéndonos y creciendo como profesión. Espacios donde, poco a poco, vamos dando forma a lo que somos y a lo que deseamos llegar a ser, juntas.








