Extraño hogar: cuando la memoria toma forma en el cuerpo
La jornada comenzó con el taller Extraño hogar, facilitado por Cristina Dalmau. Un sugerente juego de palabras que nos invitó a acercarnos tanto a la nostalgia de aquello que reconocemos como hogar como a la extrañeza que, a veces, emerge al descubrir el reverso de lo familiar.
A través de sábanas traídas de casa, el cuerpo entró en diálogo con la tela, con el espacio y con los otros. Las sábanas se convirtieron en sostén, territorio y materia de creación. Fueron una puerta de entrada a preguntas esenciales: ¿Qué entendemos por hogar?, ¿Qué recuerdos habitan en él?, ¿Qué permanece y qué se transforma con el tiempo?
Ese objeto cotidiano, tan íntimamente ligado a la vida doméstica, se transformó sucesivamente en refugio, vestido, paisaje, escondite y lugar de encuentro. Las telas se desplegaron como superficies donde la memoria parecía plegarse y desplegarse, dejando rastros que más tarde encontraron nuevas formas de expresión a través de la escritura y de distintas creaciones individuales.
Extraño hogar fue un espacio de movimiento, gestos, miradas y escucha compartida. Un recorrido que transitó de lo individual a lo colectivo para regresar, finalmente, a la intimidad de cada participante. Una experiencia que nos recordó cómo el hacer creativo puede abrir caminos para habitar, resignificar y narrar nuestras propias historias.
Arteterapia en un centro de acogida: construir espacios donde poder ser
La segunda parte de la jornada estuvo a cargo de Álvaro Prats y Anna Tort, quienes compartieron su experiencia de intervención arteterapéutica en un centro de acogida de la DGAIA en Girona.
Con rigor, sensibilidad y honestidad, nos acercaron a un trabajo sostenido en el tiempo que habla de presencia, confianza, juego y acompañamiento. Un trabajo que se desarrolla junto a niños y adolescentes que atraviesan procesos complejos de separación, abandono, incertidumbre y cambio.
Los ponentes nos relataron cómo una propuesta grupal de verano, iniciada en 2020, encontró su continuidad y evolución hasta consolidarse como una intervención arteterapéutica estable. Actualmente, el proyecto ofrece acompañamiento individual a ocho niños y adolescentes del centro, quienes se encuentran a la espera de un retorno familiar, un proceso de adopción o la derivación a otros recursos de protección.
Un espacio diferenciado para la expresión y el vínculo
La demanda inicial del centro era clara: disponer de un espacio regular de atención individual donde los niños y adolescentes pudieran construir algo propio. Un lugar para expresarse, jugar y, sencillamente, ser.
Se trataba de crear un espacio diferenciado de la convivencia cotidiana; un espacio íntimo, sostenido por una atención plena, alejado de objetivos pedagógicos o conductuales. Un lugar donde la creatividad pudiera abrir nuevas posibilidades de experiencia.
Para algunos de los participantes este espacio fue adquiriendo un significado particular. Se convirtió en un momento de pausa y alivio frente a las tensiones propias de la vida comunitaria, pero también en una oportunidad para explorar nuevas formas de relación consigo mismos y con los demás.
Una de las preguntas que atraviesa esta práctica es profundamente relevante para la Arteterapia: ¿cómo ir más allá del síntoma que aparece en la conducta? Desde esta perspectiva, el trabajo arteterapéutico no solo acompaña a los niños y adolescentes, sino que también aporta nuevas miradas a la institución y a los equipos educativos, ampliando la comprensión de aquello que se expresa más allá de la conducta visible.
Sostener las pérdidas, acompañar las transiciones
A lo largo de la presentación se hizo visible la delicadeza de un trabajo que se construye poco a poco, no exento de dificultades y complejidades propias de la relación arteterapéutica. Un proceso donde la constancia y la presencia permiten ir creando un lugar en el que sentirse esperado, acompañado y sostenido.
Un espacio donde poder atravesar las separaciones, elaborar las pérdidas y dar tiempo a aquello que necesita ser vivido y simbolizado. Un espacio que ofrece continuidad en contextos marcados por la incertidumbre y el cambio, y que permite que la experiencia creativa se convierta en un recurso para habitar aquello que resulta difícil de nombrar.
Seguir creando espacios de encuentro
La jornada nos dejó la sensación de haber compartido algo valioso: la posibilidad de detenernos, escuchar y reflexionar juntos sobre una práctica que sitúa a la persona y a su proceso en el centro.
Desde el cuerpo, la memoria y la creación, hasta el acompañamiento en contextos de gran vulnerabilidad, las experiencias compartidas durante el encuentro nos recordaron la capacidad de la Arteterapia para abrir espacios donde lo humano puede desplegarse, encontrar sostén y construir nuevos significados.













