Conversamos con Pilar sobre la poesía, la memoria y la escritura como formas de acercarnos a la experiencia vivida y dar espacio a aquello que nos habita. A través de sus poemas, exploramos los vínculos entre la creación poética y la arteterapia, poniendo en diálogo las resonancias de Melangia con su práctica como arteterapeuta: la posibilidad de expresar lo que a veces no encuentra palabras, de acoger los recuerdos y las emociones, y de abrir nuevos caminos para comprendernos y habitar la vida.
Comunicación Grefart: En ‘Melangia’ hay poemas sobre el miedo, la rabia, la tristeza. No obstante, también nos encontramos con la alegría, el amor, la pasión… ¿Se podría decir que estas emociones y sentimientos son matices de la melancolía?
Pilar Orgillés: Podríamos decir que sí. La melancolía está muy ligada a los recuerdos que forman parte de nuestra memoria afectiva. Suele asociarse a la tristeza pero no siempre es así. Tiene tintes ambivalentes, a veces viene acompañada de un cierto dolor por la pérdida de aquello que hemos ido dejando por el camino, única forma de poder avanzar, y otras veces de un cierto placer o goce por la rememoración de lo bello vivido.
CG: Habla mucho del imaginario, de la construcción de un pasado que se añora, de los recuerdos de la niñez. También habla sobre aquello que no hemos podido vivir… los sueños no cumplidos, los planes pospuestos, las decisiones… Sin embargo la realidad se impone. ¿Cuál es la relevancia del trabajo con los contenidos del imaginario en la elaboración del duelo?
PO: Es el imaginario el que nos permite procesar las pérdidas, también el que nos permite perdonar y perdonarnos por lo no vivido reeditar y poner en valor nuestra historia de vida para poder así adaptarnos a las nuevas realidades. El diálogo interno en estas circunstancias no es fácil, pero es absolutamente necesario.
CG: Durante la lectura de ‘Melangia’ me preguntaba cuánto hay de ti en los poemas y cuanto hay de las historias de otras personas que acompañaste a lo largo de tu profesión como arteterapeuta…
PO: Creo que hay todo de mí, porque en mí también hay de las historias de las personas que he ido acompañando durante mi trayectoría vital y profesional. Acompañar a quien sufre o pasa por períodos de dificultad te humaniza y te sensibiliza sobre la propia existencia.
CG: El poema ‘des de sota les runes’ me transportó directamente al escenario que se propone. Me hace pensar en el proceso de construcción de una escena compuesta por las palabras y de las construcciones, muchas veces sin el uso de la palabra, hechas por los arteterapeutizandos en sus producciones durante las sesiones de arteterapia…
PO: Mi poesía casi siempre viene a través de las imágenes que me inspiran y después yo vuelco en palabras, en versos que las representan; en este caso las imágenes se me aparecían entre largos silencios y no había mucho más que decir.
CG: Tras años acompañando a personas con adicciones, ¿cual es la forma del duelo y de la melancolía en el proceso de dejar una adicción?
PO: El peligro de las drogas es una perversa percepción de que el malestar puede ser rechazado en favor de una cierta omnipotencia. Esa es la falsedad que genera tantas adicciones. Cuando desaparece esa falsa ilusión la persona se encuentra delante de un enorme vacío del que le resulta muy difícil hacer el duelo. Este proceso obviamente puede melancolizarse hasta que la persona encuentre el equilibrio que le permita tener o recuperar la capacidad de volver a sentir placer y enfrentarse a los avatares del vivir aceptando todas sus caras.
CG: ¿La melancolía nos hace sentir más humanos?
PO: Siento que quizás sea un sentimiento que nos ayuda a procesar el pasado y nos permite estar con más madurez en el presente, haciéndonos conscientes de la vulnerabilidad del vivir y de la belleza que coexisten en el recuerdo tanto por la superación de los malos momentos como por la alegría y la felicidad de otros muchos. Solo así es factible realizar nuevas inversiones emocionales.



