Céline Gaillarde
Socia Profesional Grefart
Sin ser consciente de ello, mis primeras creaciones ya eran Land Art.
De hecho, ¿cuántos somos los que hemos jugado muy en serio a crear construcciones y mundos con los materiales que nos ofrecía la Naturaleza antes de apuntarnos a un taller de barro o de pintura?
Pienso que este modo de hacer es una de las bases del arteterapeuta: hacer con lo existente, con poco, pero con una gran necesidad de expresarse creando.
La Naturaleza impulsa una creatividad que invita a recolectar, ensamblar, relacionar y proyectar con elementos vivos o inertes, y en una atmósfera en constante cambio.
Los arteterapeutas utilizamos muchos medios —plásticos, corporales, teatrales, musicales— y a veces privilegiamos uno de estos lenguajes.
Para mí, fue una evidencia trabajar con la infinita variedad de formas y colores de los materiales naturales que
recojo en la naturaleza, en los jardines, los campos y los huertos para hacer talleres en sala.
Más aún, en mis elecciones profesionales, priorizo a las instituciones que favorecen un vínculo directo con la Naturaleza como marco de intervención.
Trabajo principalmente con grupos de niños pequeños, personas mayores dependientes y personas con autismo, tanto en sala como en el jardín.
Los participantes en arteterapia valoran el trabajo con materiales naturales por las sensaciones que experimentan y por la variedad de propuestas posibles.
Las personas mayores dependientes con las que trabajo me dicen a menudo cuánto les gusta trabajar con materiales que no suelen tener dentro de la residencia y que conectan inmediatamente con sensaciones y recuerdos agradables.
Este ir y venir entre el interior y el exterior es fundamental en arteterapia.
Al crear, los participantes ponen a trabajar cuestiones internas: ¿Qué hago, cómo lo hago? ¿Para qué, para quién? ¿Tiene sentido? ¿Y los demás, cómo lo hacen? ¿Qué piensan?, etc.
Tras ocho años de experiencia, me parece que el trabajo con materiales naturales y, sobre todo, en la Naturaleza, permite un anclaje fuerte en un lugar y en un tiempo, en un aquí y ahora que favorece el proceso creativo interno.
Con las personas autistas, puedo ver cómo el espacio de arteterapia en el jardín facilita la curiosidad por el entorno y la integración, siempre que se tengan en cuenta sus necesidades derivadas de sus particularidades.
Los movimientos, las luces y los ciclos temporales dentro de este espacio abierto y a la vez delimitado favorecen la experiencia corporal. Los gestos son más amplios, los gritos más tenues, la atención más prolongada y las tensiones físicas disminuyen.
En los momentos de cierre del taller, muchos de los participantes, ya sean niños o adultos, hablan de su relación con la Naturaleza como un espacio de libertad, de bienestar, de alegría, de belleza y de calma.
Sin embargo, desde hace unos años veo cómo, poco a poco, van surgiendo en los talleres preocupaciones y sentimientos de pena o de angustia frente al cambio climático.
Hasta ahora, la Naturaleza siempre ha sido el pilar de mis herramientas en la línea de la ecoterapia o de la hortiterapia. La Naturaleza era una respuesta, una solución, pero su evolución, su fragilización y su respuesta a los excesos de la contaminación humana abren otro campo de reflexión y de práctica.
El proyecto Eco-A me parece muy actual. El tema de la ecoansiedad no ha dejado de ser abordado en las redes durante todo el verano, a la vista de los dramas ocurridos.
¿Qué hacer para participar, a nuestra manera, y seguir siendo lúcidos sin dejar de estar vivos?
Actuar con los medios que tenemos, ofreciendo un espacio de expresión y de palabra lo suficientemente contenedor para que las personas puedan recuperar la dosis de confianza necesaria para actuar a su nivel y de forma colectiva.
Siempre estamos a tiempo de maravillarnos juntos, de proteger lo vivo que nos rodea, permitiendo a las personas realizar juntas actos de vida.
Al regresar de la formación Eco-A impartida en Italia, me planteaba el papel que podemos jugar a nivel colectivo trabajando en espacios naturales definidos.
¿Cómo se podría poner en valor el hecho de realizar un acto de preservación del espacio natural al hacer talleres de Arteterapia en la Naturaleza? Me gustaría conocer vuestra opinión…



