Su propuesta de investigación creadora con la naturaleza (que somos) invita a sentir, (re)vivir y (re)cordar ese vínculo. Me abrió al mundo de la Ecología Profunda, y de allí fui también investigando sobre Ecopsicología, la Ecología Reverencial, etc. Estas miradas, junto otros procesos que iba vivenciando me llevaron a interrogarme sobre qué es naturaleza, la vida, crear, la tierra, el cuerpo, la materia, la belleza, la artesanía… No desde un lugar conceptual sino desde una exploración más sentida y encarnada. El Posgrado Cuerpo y Arte de la Escuela ALAS me brindó la oportunidad de confirmar esa relación de la creación, la existencia y el misterio… Una de las lecturas que nos recomendaron «Free Play: Improvisation in Life and Art» de Stephen Nachmanovitch fue fundamental para mí. ¿Qué relación tenía mi acceso interno a la improvisación en la danza con la presencia y escucha que pide la vida?
Sentía como se iba tejiendo un sentido que ya habitaba en mí pero no encontraba referentes. Así, mi relación cotidiana y sagrada con el caminar en la naturaleza se fue trenzando con estos saberes y prácticas que iba adquiriendo… junto al deseo de estar cada vez más rodeada de quietud, belleza y naturaleza. Hasta que un hacer en lo íntimo de mi día a día fue tomando un lugar del deseo que esta investigación, reflexión e interrogación fuera compartida. De allí salieron los Paseos Creativos en la Naturaleza, que combinan paseos contemplativos, con propuestas sensoriales, creación a partir de la experiencia y sobre todo, vivencia, calma, poesía sentida y escucha profunda. También surgieron los talleres Texturas del Sentir y Tierra Adentro con la voluntad de profundizar más en esta relación cuerpo-materia-consciencia-sentir-naturaleza.
Me parece hermoso como caminar, estar, habitar y crear en un entorno natural favorece una presencia más nítida, agudiza la percepción y la contemplación nos lleva a un estado de escucha cada vez más sutil, sea este desde la mirada, el tacto, el olfato, el oído… Es como si estar en ese entorno nos vuelve más porosos al lugar, su paisaje y podemos encontrar más quietud y silencio interno para poder ensanchar nuestro ser y alinearlo con el tono del bosque… Así mismo, un paisaje en el que, de entrada, «sólo se ven cuatro cosas», un aspecto de alguna manera monocromático, se va poco a poco desvelando con una multiplicidad de elementos diversos… También se relaja el ritmo interno y aumenta el sentido de apreciar aquello que es valioso. Recuerdo un día empezando un Paseo Creativo, en que mientras daba las consignas de la primera propuesta me di cuenta como yo, sentí como mi tono interno, de voz, de movimiento había bajado muchísimo, sintonizándose con el del bosque.
El buscar la experiencia, la vivencia misma de lo que nos está provocando estar, respirar, sentarnos allí, abre una dimensión en la que la atención se abre cada vez más a aquello primordial que nos sucede por dentro y aquello que acontece fuera. Nos permite estar dentro y fuera. De las cosas que más agradezco y me emocionan es el poder estar al aire libre, rodeadas del mundo vivo y de tanta belleza y singularidad. Cuando veo los cuerpos poéticos instalados en un lugar en ese entorno tan aparentemente mundano, me emociona, se me llena el corazón. Como comenta Andrés Waksman, cuando entras en un bosque no hay ningún árbol igual, sinó que cada uno es singular, como los cuerpos humanos.
A veces me sorprende la sencillez de la propuesta y el abasto de su posibilidad, como si fuera un contexto-escenario-cuerpo donde se expande el ser y su potencial creador. Más que buscar crear o tener una experiencia extraordinaria, me interesa más bien generar un espacio de escucha, confianza y seguridad que permita cultivar un estado de presencia que facilite dialogar con el lugar de una manera más sentida y verdadera. Es más bien buscar el no hacer que abre, permite, elabora, una presencia delicada y sensible. Para mi expande lo poético, la belleza, lo genuino y sencillo de nuestro paso por la tierra, favoreciendo un respeto profundo por la Naturaleza, por el sentirnos parte de un todo o de más que un solo yo/nosotros. Estar en lo vivo también pide respeto, reconocimiento y humildad.
La misma investigación creadora de buscar «materiales naturales» para la expresión creadora me ha llevado a tomar aún más consciencia y responsabilidad sobre cómo me relaciono con esos elementos, qué materiales uso en mi día a día, de dónde vienen, qué impacto tiene, cómo me “deshago” de ellos… Varias personas que han venido a los Paseos Creativos han agradecido que la vivencia les haya traído no sólo una dimensión de autoobservación de su mundo interno sino cómo se relacionan con el entorno. En este sentido, me parece muy interesante todos los interrogantes y reflexiones que conlleva crear en la naturaleza. Para una cosmovisión occidental, cuestiona elementos como el permiso (quién soy yo para decidir qué hago con lo que toco, recojo o ocupo), interroga qué es lo que está vivo (¿es más «sano» recoger hojas secas que las vivas?), la relación humana con la naturaleza (¿cuánta cantidad de materia hará daño a este lugar?, ¿cómo se qué hará daño?¿qué tipo de relación mantenemos con este mundo vivo?) y la comunicación e interdependencia con ese mismo lugar / la vida / la naturaleza (¿qué compartimos? ¿cómo podemos comunicarnos?).
Realizar el Máster Integrativo de Arteterapia de GREFART no sólo formalizó mi formación como arteterapeuta sino que de manera inesperada me llevó a desarrollar un lenguaje artístico propio, trayéndome a un diálogo creador profundamente sensible, sincero y honesto. Este proceso se nutrió especialmente gracias al proceso arteterapéutico que he recibido a lo largo de 3 años, que se ha basdo especialmente de sesiones en la naturaleza. Estas sesiones han enriquecido muchísimo mi práctica artística y arteterapéutica, llevándome a la investigación poética, performática y a la creación de gran formato con elementos de la naturaleza y participando en dos ocasiones en Festivales de Land Art.
Veo el proyecto ECO A como un gesto de acercamiento, de estrechar la grieta que abrimos siglos atrás con la naturaleza. Más allá de posicionamientos políticos, visiones del mundo diferentes, muchas personas se ven afectadas por este fenómeno. Qué regalo poder tener un espacio donde compartir inquietudes, sensaciones, miedos respecto a esta inquietud, sentirnos acompañadas, y poder elaborar, procesar, integrar la propia relación con la eco-ansiedad a través del arte. Me pregunto cómo hacer de esta práctica, de esta investigación arte terapéutica en la naturaleza un espacio de acercamiento y unión con la naturaleza que somos y no perpetuar dinámicas dañinas para esta? Del mismo modo, cómo esta experiencia de reciprocidad, reconocimiento, agradecimiento, interdependencia puede recordarnos aquello que somos, favoreciendo el acercamiento y la sacralidad? Siento plena confianza en que una propuesta así, entre medio de lluvias torrenciales, calores desorbitados, ciclos naturales interrumpidos y desorientados, pérdida de la biodiversidad… puede recordarnos que formamos parte del tejido vivo de la vida y el poder creador como un pulso inherente a la existencia humana que nos permite mantener vivo nuestro latido compartido.



